
-Oh, Tom, tengo miedo- me dijo ella mientras se levantaba de la cama y caminaba hacia mí. Deteniéndose a un solo palmo de mi cuerpo, y seguidamente derrumbándose en mis brazos. Un abrazo que pareció eterno, lleno de matices. Lo echaba de menos, mucho de menos.
Pero había cosas más importantes.
-Ahora no, no es el momento, no puede ser así- la dije, mientras la separaba de mi lado, sintiendo como se llevaba un pedazo de mi alma consigo.
Esa misma tarde se había encontrado su casa destrozada. No habían robado nada de valor, excepto un anillo de rubíes, heredado de su abuela. No sabía porque ese anillo tenía tanto valor para los ladrones. Estaba asustada. Ella llevaba en su dedo corazón la segunda parte que completaba el anillo, y seguro que también querían esa mitad.
En cuanto vio aquello me llamó, sabía que era la persona adecuada.
Me conocía desde hace tiempo, somos buenos amigos, se podría decir que siempre cabía la posibilidad de ser algo más. Pero mi trabajo, detective privado, no me permitía este tipo de lujos de la vida cotidiana.
-Creo que me han seguido, pero es bastante probable que hayan perdido mi pista. Dormiremos esta noche aquí, pero mañana temprano tendremos que buscar otro sitio en el que refugiarnos. Descansa, te hace falta, y no te preocupes, yo estaré vigilando-
Mientras ella se metía en la cama y conciliaba el sueño, yo me acomodaba en una vieja butaca, observando en silencio, la acompasada respiración de su delicado cuerpo. Su hermosa cara adquiriendo el dulce gesto de cansancio complacido.
El resto de la noche la pasé barajando unos naipes que, como buen jugador, siempre llevaba conmigo.
Mientras pasaban las horas seguía ensimismado en aquella maravillosa persona, hasta que se me calló una carta al suelo, de tanto barajar. Era el as de corazones. En ese momento asumí lo inevitable, estaba enamorado de aquella mujer.
Recogí la carta y la guardé en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Ella siempre poseerá mi corazón.
By 7NA



